¿Por qué nos fiamos de alguien solo porque tiene muchos seguidores?

¿Por qué confiamos en los influencers? Siento que, a día de hoy, el número de seguidores se ha convertido en una especie de medida del nivel de veracidad de lo que dice una persona, llegando incluso a convertirla en «experta» en determinadas materias. Mucha gente habla en redes de salud mental dando consejos y opiniones sin tener la formación necesaria para respaldar lo que afirman ni saber si es cierto, pero contando con el apoyo de un montón de seguidores que alimentan esa burbuja.
Realmente lo único que demuestra que una persona tenga muchos seguidores es que ha conseguido llegar a mucha gente. Entre otras cosas, puede ser una buena comunicadora o dominar muy bien los códigos de las redes sociales o del algoritmo. Pero ninguna de estas cosas la convierte automáticamente en experta en una materia concreta. Esto tiene parte de su explicación en cómo funciona nuestro cerebro.
Utilizamos atajos mentales para procesar la información sin tener que analizar cada detalle desde cero. Estos atajos pueden ser útiles, pero también pueden influir en nuestros juicios y llevarnos a conclusiones equivocadas.
1. La prueba social:
Cuantos más seguidores tenga una persona – menos te vas a cuestionar si es cierto lo que dice. Tendemos a utilizar el comportamiento de otras personas como referencia para decidir en quién merece la pena confiar. Si muchísima gente sigue a alguien, es más fácil que interpretemos que su contenido es fiable y veraz. Pero olvidamos que la popularidad no garantiza la veracidad de lo que se cuenta.
2. El efecto halo:
Si la persona es atractiva probablemente pienses que también es inteligente. Es un sesgo por el que una característica de una persona influye en cómo valoramos otras cualidades que no tienen por qué estar relacionadas. Si alguien es atractivo, carismático, habla muy bien y hace unos videos chulísimos, podemos terminar atribuyéndole, sin darnos cuenta, inteligencia, honestidad o competencia profesional.
3. La familiaridad:
Cuando consumimos el contenido de alguien habitualmente, conocemos detalles de su vida y sentimos que sabemos cómo piensa, podemos experimentar sensación de cercanía. Es lo que se conoce como relación parasocial: sentimos familiaridad con alguien que no nos conoce ni conocemos realmente.
Esa sensación puede hacer que bajemos la guardia y le concedamos una confianza que en otras circunstancias probablemente no le daríamos. Esto lo aprovechan por ejemplo las marcas para hacer publicidad con influencers. «Siento que conozco a esta persona, confío en ella, si él/ella usa el producto será porque es bueno.´´
Por eso es especialmente importante prestar atención a lo que transmiten las personas con muchos seguidores, sobre todo por su influencia en los más jóvenes. Así es como alguien puede convertirse en referente sobre salud mental, nutrición o cualquier otro tema sin que nos hayamos parado a comprobar si la persona realmente tiene los conocimientos necesarios.
Esto puede suponer un peligro. Porque una cosa es que muchas personas confíen en alguien y otra muy distinta es que existan razones reales para confiar en lo que dice.

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